El gobierno y la oposición de cara a la elección nacional de octubre (Julio de 2007)

  • El gobierno del presidente Kirchner viene atravesando los últimos meses una serie de traspiés electorales: primero fue Misiones, luego siguió Neuquén y finalmente llegó la combinación de derrotas en la Capital Federal y en Tierra del Fuego. Frente hasta esta situación, gobierno y oposición pueden estar tentados en cometer dos errores. El primero puede llegar a considerar las mencionadas derrotas como simples y esporádicos episodios locales, desde esta lógica el gobierno puede llegar a pretender hacer de las derrotas meros y simples fracasos electorales que se produjeron solo por cuestiones políticas que se corresponden con realidades particulares, evitando de esta forma que los traspiés sufridos se trasladen a la elección nacional de octubre. La segunda puede analizar los resultados citados como el producto del hartazgo generalizado de una mayoría silenciosa de ciudadanos con la política nacional del gobierno que encabeza el líder patagónico, suponiendo de esta manera que las derrotas sufridas por el oficialismo en los ámbitos locales se trasladarán en forma automática a las elecciones de octubre, con lo cual estaríamos viviendo los comienzos del fin de la era pinguina. Sintetizando los argumentos, el oficialismo puede estar tentado con menoscabar las derrotas locales sufridas, y la oposición puede ilusionarse con pensar que la totalidad de votos opositores en las instancias locales se fusionarán en un rechazo generalizado y homogéneo al proyecto del presidente.

  • Considero apropiado remarcar algunas cuestiones básicas que pueden contribuir a despejar el panorama político actual:

     a. Los votantes del oficialismo y de la oposición (en todos los distritos del país), votan en un marco generalizado de escepticismo y desidentificación partidaria (todos los partidos políticos, nuevos y viejos, atraviesan por una crisis de representación)  y política (la inmensa mayoría de los argentinos no se identifica con ninguna ideología determinada); salvo una minoría que vive el microclima político – electoral, la gran mayoría de los ciudadanos emite sus votos sin considerar en demasía las divisiones tradicionales entre izquierdas y derechas. Desde esta óptica, no resulta aventurado pensar que votantes del Movimiento Popular Neuquino, o de Propuesta Republicana, o del ARI, o del Frente Cívico y Progresista (Santa Fé) opten por el pingüino o su esposa en octubre. Ni el oficialismo ni la oposición pueden creer que tienen un cheque en blanco de la ciudadanía, todos están bajo la lupa y todos son llamados a rendir cuentas. Cómo dice el dicho campestre “nadie tiene la vaca atada”.

   b. El oficialismo debería considerar que los simples equilibrios macroeconómicos son una condición indispensable para generar gobernabilidad, pero no la única. Muchos de los votos opositores al gobierno encuentran su fundamento último en la corrupción enquistada en el manejo de los presupuestos públicos(Skanska), en el autoritarismo hegemónico del estilo de acumulación del poder del presidente, en los problemas severos de regulación de los servicios públicos (transporte), en la falta de previsión de inversiones en áreas claves de la economía (electricidad), en la baja calidad institucional de las instituciones republicanas (consejo de la magistratura), en el manejo discrecional de las estadísticas oficiales (intervención del INDEC), en la falta de control de la inflación y en ciertos alineamientos internacionales (Cháves usando Argentina como tribuna para emitir sus falsas diatribas contra el imperialismo yanqui).

     c. La oposición tendría que percibir en su diagnóstico de la situación que “el helicóptero de De La Rúa” sobrevuela aun hoy las mentes de muchos compatriotas. Esto supone que un paradigma de construcción alternativo para las fuerzas de oposición podría ser el siguiente: GESTIÓN + GOBERNABILIDAD + CONSTRUCCIÓN DESDE LO LOCAL HACIA LO NACIONAL. Frente a la crisis traumática de la ALIANZA en 2001, las alternativas opositoras deben mostrar experiencias de gestión comprobables y empíricas, que demuestren con realidades palpables las posibilidades reales de un modelo alternativo. El desafío complementario para la oposición radica en mostrar niveles de gobernabilidad razonables en las experiencias locales, que le permitan comprobar a la ciudadanía la fortaleza y la densidad política de los proyectos alternativos. Es por estas razones que la sociedad ya está dando chances concretas de gobierno a la oposición en ámbitos locales. La construcción de una alternativa nacional para la oposición pasa necesariamente por un camino que debe ir desde lo local hacia lo nacional. Los triunfos del ARI en Tierra del Fuego, del PRO en la Capital Federal y un casi seguro del Frente Cívico en Santa Fé, son perlas para la oposición que deben ser cuidadas con suma cautela. Será difícil un cambio de gobierno nacional si estas fuerzas no demuestran capacidad de gobierno provincial.

      d. Por último, se escucha bastante en estos días la hipótesis de que si la oposición va desunida en la primera vuelta esto podría generar una dispersión tal del voto que le impida al matrimonio presidencial llegar al 40% de los sufragios. Me temo que tal dispersión podría generar los efectos contrarios, esto es una tracción de votos hacia el oficialismo. Siguiendo el razonamiento que llevo hasta este punto: si la oposición a nivel nacional no logra unirse con un proyecto que genere confianza de gestión y seguridad de gobernabilidad, es muy probable que muchos votos opositores en los planos locales se trasladen a la opción oficialista en el plano nacional. Rematando con un dicho popular: “más vale malo conocido que bueno por conocer”.      

     Matías Lobos

    matiaslobos73@yahoo.com.ar    

Publicado en on Julio 6, 2007 at 6:32 pm Dejar un comentario

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