Los padres fundadores del populismo (Julio 2007)

Las siguientes reflexiones sobre la cuestión del populismo en Latinoamérica tienen una doble finalidad: contribuir a la comprensión de las causas que originan este fenómeno y proponer estrategias políticas superadoras del mismo. 

¿Qué entendemos por populismo? Este término se ha generalizado para designar movimientos políticos con fuerte apoyo popular pero que no buscan realizar transformaciones muy profundas del orden de dominación existente, ni están principalmente basados en una clase obrera autónomamente organizada, pero están marcados por un liderzazo anclado en sectores externos a las clases obrera y campesina, y se encuentran sesgados por una fuerte vinculación entre masa y líder en gran medida carismática. Los fenómenos denominados bajo el rótulo de populismo se caracterizan por canalizar las demandas sociales a través de mecanismos clientelares. De esta forma, muchos ciudadanos latinoamericanos resuelven sus problemas de sobrevivencia cotidiana mediante los favores, bienes y servicios provistos por los mediadores políticos locales. Estos mediadores actúan en sus comunidades como referentes del líder, gozando del poder posicional que acompaña a su función mediadora y canalizando recursos desde el patrón a los clientes, y votos y apoyo desde los clientes a la persona que controla los recursos materiales y simbólicos. Los mencionados mecanismos funcionan sobre la base de una apropiación privada de los recursos públicos, ya que los bienes materiales y simbólicos distribuidos a cambio de lealtad se entregan a través de redes absolutamente discrecionales. La consecuencia de estos procesos es bastante conocida: los ciudadanos se ven obligados a canjear cuotas de libertad política a cambio del ejercicio de derechos sociales básicos (salud, alimentación, educación y vivienda).

 ¿Por qué se ocasiona el populismo en Latinoamérica? La mejor respuesta a esta pregunta la pude leer en el reciente libro de Tomás Abraham “El presente absoluto”, en este libro el autor sostiene: “… Un hombre despojado de su humanidad, sin trabajo, con los hijos sin futuro y con el presente del hambre, además de padecer la humillación de una sociedad que le explica que lo que ofrece en los escaparates dorados no lo merece, despreciado por el estado que nada ha hecho sino burlarse de él, con una clase cultural que se viste de bronce y de apellidos y lo denigra con su verba empacada, encuentra en el caudillo, en el puntero, en la unidad básica a alguien que le dio algo, una chapa para el techo, una escuela en la que los hijos puedan desayunar, una caja con alimentos, una changa en la municipalidad, es decir que encontró respeto, y devuelve con lealtad…”.  

Los líderes populistas fueron y son (¿y serán?) la respuesta a regímenes políticos aristocráticos (¿u oligárquicos?) que bloqueaban la participación democrática de las masas (sectores medios y obreros), que  también condicionaban el ejercicio de los derechos sociales a la demostración de lealtad (los conservadores en Argentina pueden dar fe de la utilización de mecanismos clientelares mucho antes de la llegada al poder de los denominados líderes populistas). No puedo dejar de olvidarme la famosa fórmula alberdiana: libertades civiles para todos, libertades políticas para pocos. La llamada “chusma” no estaba en condiciones de ejercitar sus derechos republicanos. La república posible de Alberdi (inspiradora del orden conservador de los ochenta en el siglo XIX y de la restauración conservadora en la década del treinta del siglo XX) sostenía la imperiosa necesidad histórica de alejar al pueblo de la conducción del estado, y reservarle esa tarea a un grupo reducido de ciudadanos educados y aptos para las tareas de gobierno. La república verdadera (derechos civiles y políticos para todos los ciudadanos) tenía que esperar. De esta forma, república y democracia tomaron senderos opuestos. La democracia no se hizo esperar y llegó de la mano de los caudillos que supieron canalizar las demandas de las masas. Y esa democracia no adquirió la forma republicana que muchos hubiéramos pretendido. Asumió formas populistas, plebeyas, caudillistas. ¿Podría haber surgido un Perón sin los gobiernos conservadores que lo antecedieron? ¿Hubiéramos tenido un Yrigoyen sin el orden conservador de los ochenta? ¿Quiénes parieron a Chávez en Venezuela? ¿Quiénes engendraron a Velasco Alvarado en el Perú? ¿Por qué un Kirchner en la Argentina logra aumentar su legitimidad a fuerza de obras, chequera y promesas encendidas? No temo a equivocarme con la siguiente afirmación: los padres fundadores del populismo fueron y son todas aquellas fuerzas políticas que montaron modelos políticos cerrados que no quisieron dar respuesta a las demandas populares.

¿Cómo superar el populismo en Latinoamérica? Todas las fuerzas que aspiramos a ofrecer propuestas superadoras al populismo deberíamos considerar los siguientes aspectos: 

  1. Identificar las demandas sociales insatisfechas y diseñar políticas públicas efectivas para la resolución de las mismas. Se debe mostrar con gestión que los problemas se resuelven.
  2. Implementar políticas sociales universales que permitan el ejercicio de la ciudadanía sin intermediarios que pretendan lucrar políticamente con la entrega discrecional de bienes materiales y simbólicos.
  3. Apelar a la construcción de una ciudadanía activa que comprenda que los derechos deben “ganarse desde abajo”, y no contribuir a la perpetuación de una ciudadanía pasiva que espera los favores y las dádivas “desde arriba”.
  4. Favorecer la construcción de una ciudadanía integral que reconozca la importancia de pelear por la vigencia plena de la totalidad de los derechos, pero que al mismo tiempo reconozca la necesidad de forjar una ciudadanía que cumple con sus responsabilidades y obligaciones.
  5. Y por último, emprender el difícil camino de reconciliar la república con la democracia, reconociendo que en nombre de la primera se pisoteó la segunda, y viceversa; sabiendo que una verdadera democracia pluralista que respete a las mayorías integrando a las minorías solo es posible a través de la vigencia plena de la institucionalidad republicana.

Matías Lobos

matiaslobos73@yahoo.com.ar

Publicado en  on Julio 14, 2007 at 9:34 pm Dejar un comentario