Ø ¿Cuál es el tablero político donde quiere jugar el gobierno nacional la disputa electoral del 2007? Frente a una oposición fragmentada, el proyecto kirchnerista se presenta a sí mismo como una opción peronista-progresista, permitiendo de esta manera la ubicación del mencionado proyecto en el centro-izquierda del espectro político. La jugada del presidente es clara: haciendo pie en la estructura política tradicional del PJ (tan acostumbrada a cambiar docilidad por chequera), construye una lógica discursiva que le permite la cooptación de sectores políticos autodefinidos como de “centro-izquierda” y la captación de apoyos de sectores sociales que se proclaman “independientes” y “progresistas”. Frente a una sociedad civil que manifiesta en su inmensa mayoría no sentirse representada por ninguno de los partidos políticos tradicionales, la jugada es más que inteligente: utiliza el aparato político tradicional del PJ (el tan denostado “pejotismo” que solía criticar el santacruceño cuando era gobernador de Santa Cruz) para asegurarse gobernabilidad en el corto y mediano plazo, a la vez que se presenta como la encarnación de un proyecto de “renovación” para los sectores que no quedan encuadrados en las redes políticas tradicionales.
Ø ¿Cuál es la oposición más funcional al proyecto presidencial? Considero que una oposición fragmentada y en la cual pueda ejercer cierto liderazgo una fuerza política de centro-derecha es el tablero que desearía diseñar el gobierno. En esta jugada, el rol de Mauricio Macri es clave. Macri es la oposición con la cual quiere confrontar el Kirchnerismo. Un espacio político liderado por un dirigente que proviene del sector empresario, que puede ser vinculado con la política económica de la década del noventa, al que se le pueden encontrar conexiones poco transparentes con sectores de la barra brava boquense, que pretende trasladar a la esfera pública parámetros de gestión de la actividad privada, se presenta como una opción política “ideal” con la cual confrontar.
Ø ¿Cuáles son los caminos alternativos que puede tomar la oposición?
Tablero 1. La oposición puede decidir “tomar el guante” y jugar fuerte en el escenario que propone el gobierno. Desde la oposición se puede construir un espacio genuino de centro-derecha y colaborar con el proyecto kirchenrista en la renovación política del sistema de partidos. De esta manera, el sistema político argentino podría “purificarse” y asemejarse a los típicos sistemas políticos europeos donde se alternan en la conducción del estado fuerzas políticas perfectamente definidas en la centro-izquierda y en la centro-derecha. Para que esta opción tome forma, la coalición Macri-López Murphy debería tender a ensancharse e incluir a Lavagna, Sobisch y otros partidos provinciales conservadores. En este escenario las fuerzas progresistas deberían confluir (marcando diferencias y matices) en el espacio político oficial.
Tablero 2. La oposición puede desafiar al presidente a jugar en otro tablero. Si el discurso seudo progresista del presidente va en una dirección y las prácticas políticas marchan en sentido contrario, si el “Frente para la Victoria” se presenta como una simple arma electoral pero no trasciende hacia posturas ideológicas concretas y precisas, si el discurso de “centro-izquierda” del gobierno es una cáscara vacía que solo esconde la vieja matriz cleptocrática de la democracia argentina (parafraseando a Carrió “roban por derecha y roban por izquierda”), si el “Frente para la Victoria” no avanza hacia una institucionalización que supere la vieja estructura peronista; entonces la oposición podría unirse en una suerte de “pacto pre-ideológico”. Para que este tablero progrese sería indispensable un acercamiento de sectores que se autoproclaman de “izquierda” con sectores que se definen como de “derecha”. En este sentido el ARI, el Socialismo, RECREAR, Lavagna, deberían confluir en algún tipo de construcción que descoloque al gobierno.
Tablero 3. La oposición puede marchar a la elección fragmentada pero con opciones ideológicas claras y precisas. Este tablero favorece al gobierno en el corto plazo pero puede erosionarlo en el mediano plazo. Si el gobierno no avanza en la construcción de un espacio verdaderamente “progresista”, el tiempo y la acción de gobierno profundizarán la distancia entre el plano discursivo y el plano de la ejecución de políticas de gobierno. Esto erosionará la credibilidad del proyecto kirchnerista y permitirá el florecimiento “por izquierda” del gobierno de opciones de centro-izquierda. En esto resultan fundamentales las experiencias de gestión que puedan mostrar las fuerzas progresistas. Por ello la experiencia de gestión local del socialismo santafecino y una eventual gobernación del mismo resultan piezas valiosas para la proyección nacional del socialismo en el mediano plazo.
Matías Lobos